Relaciones: drama, teatro y psicología. Autoreferencias - 1: juego de roles.


“El teatro es un instrumento antiguo y básico que nos ayuda con un solo drama, el drama de nuestra existencia. Y nos ayuda a encontrar tal camino, hacia la fuente de lo que somos.”
Jerzy Grotowski


El teatro me llevó a estudiar psicología y ahora la psicología me regresa de nuevo a la escena, ya que esta disciplina como conocimiento y praxis puesta en diálogo con el arte me ha permitido sincerarme y reconocer que si le pongo algo de arte o teatro a lo que hago fluyen mis verdaderas motivaciones, aparecen otras habilidades, y fortalezas con las cuales superar las falencias y a partir de allí veo que puedo forjar otros caminos, quizás una línea de pensamiento que integre dichos saberes, arte y ciencia. En un sentido metafórico, mi paso por la universidad se ha convertido en la odisea de retorno, porque como acabo de mencionar, el teatro me permitió encontrar a la psicología como saber disciplinar y ahora esta me muestra el camino para volver a lo teatral con una mirada renovada, dándole más sentido a mi existencia, mi oficio y mi profesión, direccionandome hacia el punto de intersección entre los saberes que ambas disciplinas me han entregado, desde donde además siento que tengo mucho para aportar a otros a través de la educación.

Asimismo reconozco que en este viaje no he estado sola, agradezco a quienes en la escuela y en el colegio me brindaron el medio a través de la cultura y el arte, a los que en Teatro Zebra me mostraron el modo y en la universidad a quienes me motivaron a integrar el teatro en la práctica profesional, afianzandome en el deseo de transmitir a través del arte.



En general, la formación profesional ha sido fundamental para nutrirme de diferentes modelos teóricos, como de herramientas para investigar, analizar y proponer. No obstante, los tiempos de encuentro alrededor de la conversación y el intercambio de saberes con profesores, compañeros, colegas y amigos, también han sido relevantes en este proceso de aprendizaje constante. Además quiero resaltar que el haber estudiado y habitado en el magnífico campus de la Universidad de Antioquia en Medellín, mi ciudad natal, también fue un sueño hecho realidad.



El hombre creador de energía de Rodrigo Arenas Betancourt

Ahora veo con claridad que este rumbo empezó a trazarse desde muy atrás en los Ángeles - Anorí (la tierra del ingeniero, urbanista, filósofo, escultor y muralista Pedro Nel Gómez) el pueblo en donde pasé mi infancia. Recuerdo que la dramatización era parte esencial de mis juegos con los amigos vecinos del barrio, momentos tan vívidos, los cuales convirtieron mi casa en un laboratorio para el desfogue de espontaneidad y creatividad, dando animación a los espacios de aburrimiento y tedio. Allí ensayando roles de adultos, jugando a ser otros, (actriz y profesora), y que sin ser consciente de lo que hacía ya estaba direccionado un trayecto. Por ende, este momento lo puedo interpretar mejor desde la de la teoría de Erik Erikson, al ubicarlo en el estadio de Latencia, el cual se enmarca entre los 6 y 12 años, edad escolar. En este estadio el niño se mueve entre el vecindario y la escuela y se debate entre la laboriosidad versus inferioridad, de igual manera, es de gran importancia que el niño desarrolle las competencias que le permitan superar la crisis propia de este estadio. De la resolución de esta, nace la competencia personal y profesional para la iniciación científica-tecnológica y la futura identidad profesional, que resumida en esta frase de Erikson, “Yo soy el que puedo aprender para realizar un trabajo” da cuenta del compromiso tan grande tanto de padres como de maestros por motivar al niño a que explore a través de la labor y del juego asumiendo los roles con los que se identifica. Según Erickson, este momento de la infancia, está marcado por el inicio de la vida escolar y por un aprendizaje que se irá sistematizando a través de las experiencias y las tareas, por lo tanto, 

Es función de los padres y de los profesores ayudar a que los niños desarrollen sus competencias con perfección y fidelidad, con autonomía, libertad y creatividad (Bordignon, 2009, p. 50). 

En mi casa la libertad de explorar a través del juego fue la que me permitió asumirme en distintos roles y ampliar habilidades y competencias, que sin saberlo ahora me ayudan a ser más creativa.

De la escuela Arnoldo Estrada, agradezco a la profesora Gloria Montoya, porque ella fue como una tutora o mentora que nos transmitió la importancia de acompañar las clases con el canto, la danza y el teatro, invitando a sus estudiantes a participar en los mal llamados “actos cívicos”, porque para mí representan más que civismo espacios y auténticos escenarios para la trasmisión de la cultura a través del arte, vitales en la formación de los seres humanos. En mi opinión es allí donde comienza la verdadera formación de públicos, pues como plantea Villalpando (2010),

la escuela debería convertirse pues en el foco cultural y artístico para que revierta en un futuro esta situación en nuestra sociedad. Es lógico pensar que si la necesidad del arte no se consolida desde la base, es decir desde la escuela, nuestra sociedad adulta vivirá al margen del arte, es decir, de espaldas a su alma. (p.10).

Gracias a estas actividades, los estudiantes podíamos expresarnos y tener un acercamiento con la creatividad artística. Reconozco que la primera vez que subí al escenario, como a los 8 años de edad, tuve conciencia de mi misma en un sentido particular, pues la mirada del otro el público me devolvía otra forma de verme, pues, como expresan Motos y Navarro (2003), esta experiencia puede ser la consolidación de un aprendizaje mediante el cual el estudiante trabaja su cuerpo, su mente y sus emociones, la cual también permite la sensibilización frente al entorno ya que afina los sentidos y los hace más receptivos y propicia otras miradas frente a lo que le rodea. Con esta misma profesora ya en quinto de primaria tuve la oportunidad de participar en una obra de teatro.

Con esta semillita y sin saber que estaba germinando llegue a Medellín a cursar la secundaria en el Liceo Hernán Toro Agúdelo. En un principio no fue fácil adaptarme a la cuidad, parte de este proceso tuvo que ver con el revolcón emocional por la separación del núcleo familiar y la transición que implica el ir consolidando una identidad en la adolescencia, por esos días los pequeños cortes en mis brazos fueron un grito desesperado por la dificultad para expresar mis emociones. Conocí el Rock y este fue como espacio de transformación que me permitió encontrar el nicho de aquellos que no encajaban en lo común, de aquellos que no nos sentíamos parte de la cultura de los "pillos", "traquetos" y de las mal llamadas "grillas" o "gasolineras". Aún así, no pude escapar al consumo de sustancias psicoactivas, quimeras que se le presentan a una adolescente para ocupar el tiempo de ocio de forma engañosa. Por suerte esta crisis la puede superar a tiempo y de la mejor manera, ya que por fortuna una amiga me mostró que en ese mismo mundo existían otras alternativas, presentadome a un grupo de amigos que disfrutaban de otras formas: tocando un instrumento o escribiendo; pequeños poetas que expresaban sus mas oscuras angustias por medio de la composición musical y la escritura. Y así, entre el constante acércame y alejarme de grupos, el teatro se me presentó como una tabla de salvación, fue allí en donde me pude centrar y resistir. Pues a los 16 años de edad, ingresé al grupo Teatro Zebra por la llamada oportuna de un amigo (Juan David), quien me telefoneo para avisarme de un casting para una obra de navidad. A partir de allí pase de ser una adolescente sin propósito a ser una con uno por construir. 

Los encuentros con este grupo eran en la casa de la Cultura de Manrique, ubicada en el barrio en donde vivía y estudiaba. Allí inicié mi oficio como actriz, aprendiz, voluntaria, replicadora de saberes y gomosa del teatro. No obstante, además de teatro, encontré  un grupo de personas con una gran calidad humana, mujeres y hombre de distintas edades, con trayectorias profesionales y oficios diversos. Reunidos para aprender y montar obras de teatro, unos por hobby, otros por pasión, otros porque esa era su profesión, su vocación y elección de vida. Esta experiencia me fue revelando un universo de posibilidades nutrido de conocimiento, gracias a la cantidad maestros que nos brindaron sus saberes. Allí mismo tuvimos la oportunidad de que un grupo de psicológicos de la Universidad de San Buenaventura nos acompañaran durante un semestre, quienes nos brindaron asesoría psicología individual y grupal, esta experiencia fue como un primer acercamiento a la psicología del lado de los profesionales en esta área.  

Los entrenamientos fueron como un laboratorio de exploración sobre si mismo, enriqueciendo la practica teatral y ensanchado la personalidad. De esta forma conocí a Stanislavski a través de la lectura de "Un actor se prepara", que trata de una pedagogía teatral para la construcción del personaje, " pionero en sistematizar el arte del actor. De esta manera, se acrecentó mi interés por la psicología. Años después inicié mi carrera como psicóloga en la Universidad de Antioquia, interesada por el psicodrama. Sin dejar de pensar en el teatro buscaba establecer las relaciones que desde los planteamientos teóricos de la psicología como disciplina me acercaran al teatro. En mitad de la carrera, llegue al grupo de investigación Psyconex (psicología, psicoanálisis y conexiones), y allí emprendí nuevamente la búsqueda de respuestas en lo teórico partiendo de mis motivaciones, comencé a investigar, explorar, e implementar estrategias de intervención desde las conexiones entre la psicología y el teatro aplicándolo al campo educativo, proceso que continúa en proceso de maduración. 

Afortunadamente, mientras leía para mi trabajo de grado me encontré con la dramaterapia, me identifique plenamente con este método, ya que es otra forma de integrar el teatro y la psicología. Esta es un tipo de terapia que aplica de manera intencional los aspectos terapéuticos del teatro. Según Irwin (2009), la dramaterapia se consolida como,

Una modalidad terapéutica en la cual las actividades dramáticas, dentro de una relación terapéutica, son usadas para ayudar a individuos o grupos a hacer cambios en su personalidad y llevar a cabo un mayor grado de funcionamiento (Citado por Quezada, 2014, p. 238).

Es por todo esto que este blog nace con la idea de querer compartirles las construcciones y reflexiones que parten de la exploración, de las provocaciones y motivaciones que han marcado mi formación profesional, de lo aprendido en la práctica, y por el deseo de escribir y relacionar estas y otras conexiones que existen entre la psicología y el teatro.

Para finalizar, cierro con esta frase que leí en uno de los muros en la sede del Teatro Matacandelas, «y que así, el hombre mantenga, lo que de niño prometió» es la frase con la que finaliza una poesía que dedicó Friedrich Hölderlin a la memoria de su abuela. Por eso cuando estamos perdidos como Eulises en la odisea, una forma de encontrarnos es conversando con nuestra niño o niña interior, nuestra Itaca. 

Por: Nidia Andrea Montoya S. Psicóloga UdeA.

Referencias

Bordignon, A. (2005), El desarrollo psicosocial de Eric Erikson.El diagrama epigenético del adulto. Revista Lasallista de Iinvestigaciòn - Vol. 2 No. 2.

Motos, T y Navarro, A (2003) el papel de la dramatización en el curriculum. Revista Articles de la Ed. Graó. Núm.029 – 2003. 

Recuperado en http://www.postgradoteatroeducacion.com/wp-content/uploads/2013/07/El-papel-de-la-dramatizaci%C3%B3n-en-el-curriculum.-Por-Tom%C3%A1s-Motos-y-Antoni-Navarro.-Revista-Articles-de-la-Ed.-Gra%C3%B3.pdf.

Quezada, J. (2014), Aproximación a la dramaterapia. Recuperado en: file:///C:/Users/Win10/Downloads/825-Texto%20del%20art%C3%ADculo-2378-1-10-20180310%20(1).pdf.

Villalpando, E (2010), El teatro como herramienta didáctica en el proceso enseñanza aprendizaje en primaria y secundaria. Recuperado en: http://www.mep.go.cr/sites/default/files/recursos/archivo/antologia_teatro_herramienta_didactica.pdf Febrero 15 de 2018. 

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